Emacs Carnival de Marzo - Confusiones y prejuicios

Texaco | 14 mar. 2026 min

Cuando llegué a Emacs, llegué por hastío. Sí. Cansado. Recién habían anunciado el final del ciclo de vida de un editor de textos que me encantaba, Atom.

Un editor que era extensible, rápido y soportado por la comunidad. Para colmo, la alternativa me gustaba bien poco. Visual Studio Code. De Microsoft.

No era la primera vez que tenía que moverme de editor de textos, aprender nuevos atajos de teclados, nuevas ventanas de configuración. En definitiva, todo un nuevo idioma.

Buscando entonces una solución libre y que funcionase en terminal (posiblemente en cualquier sitio) y orientado al teclado con la idea de usar alguno de los teclados mecánicos ergonómicos de moda, como medida preventiva a mis ya recurrentes tendinitis de hombro. Estos eran mis requisitos para una alternativa que me acompañase en el resto de mi camino digital.

Probé Vi/Vim y Emacs. Finalmente me decanté por Emacs por que la edición modal me parecía contraintuitiva, esa primera pantalla de GNU me decía, no puedes predicar sobre software libre y no usar su barco insignia y los videos de Magmars, Emacs rocks. Posteriormente descubrí que la filosofía de Vi para la edición de textos es genial, pero en aquel momento, Emacs me parecía la solución más "sencilla" de adoptar. Ay señor que equivocado estaba!

Empecé, como empiezo todas las cosas. Probando, mojando el dedo gordo del pie, paralelamente con el resto de mi universo de herramientas con la esperanza de poder reemplazar en algún momento las herramientas que odio por las de mi elección. Que en este caso es Emacs.

Esto me lleva a instalarme Spacemac pero con los atajos de teclado de Emacs. Comienzo por lo básico, el tutorial de Emacs y un video aquí y otro allí (he mencionado Emacs rocks?). Cual elefante en cacharrería, me muevo despacio y con torpeza. No soy productivo en el nuevo entorno por lo que tengo que aparcarlo a un lado eventualmente.

Después de algún tiempo, vuelvo a abrir Spacemacs. Un montón de errores llenan mi terminal. "Pero qué diablos!?", me pregunté. No podía actualizar los paquetes porque los certificados de los repositorios habían caducado. Este fue un momento "Esto con el software privativo, simplemente no pasa". Nada que no pudiese resolver con tiempo que no tenía y tampoco quería que mis colegas se mofasen por mis intentos infructuosos de abandonar el mundo del software privativo.

Doom Emacs tampoco me pareció una experiencia agradable. Complicado de encontrar en la documentación lo que quería hacer y una extensa configuración que no comprendía. Realmente no me paré mucho a tratar de comprenderlo.

Todo esto ocurre entre grandes pausas, sacando tiempo de donde no lo tenía. Aún así no desistí en mi empeño por conseguir libertad en cuanto a mi editor de textos se refiere, al menos. El siguiente paso natural era comenzar desde el principio. Emacs vainilla e ir configurando cada aspecto según necesidad. Esto, en mi cabeza, me daría el conocimiento suficiente para resolver los problemas que me apareciesen y que hasta el momento no había logrado ni entender ni resolver.

Y así, de a poco, fui adaptando mi entorno a mis capacidades y necesidades. Mis capacidades porque con Emacs, salvo un buen montón de excepciones que están implementadas maravillosamente, las configuraciones que era y soy capaz de hacer son pequeñas concesiones y aproximaciones al comportamiento que busco.

Aún sigo usando Emacs y hasta he publicado una entrada en Emacs Carnival de Marzo sobre Confusiones y prejuicios! Dedicando tiempo libre, vacaciones y un montón de esfuerzo por aquello que creo. La necesidad de la existencia del software libre, hacerme responsable de las herramientas que utilizo.

Durante todo este tiempo, me ha acompañado la convicción de que mi vida sería más sencilla utilizando las herramientas que están en el mercado, para ser usadas y entonces una nube negra se posa sobre mi cabeza y mi ánimo se vuelve oscuro. Pero no recuerdo ni una sola vez en la que ese pensamiento, esa nube no se haya disipado al descubrir que esas otras brillantes herramientas de moda ofrecen otro montón de fricciones que afortunadamente yo no tengo que tolerar. Desde los (no relacionado con ningún editor de textos pero valga como ejemplo) popups de windows, publicidad, limitaciones artificiales como dos conexiones simultáneas por nombrar alguna, incompatibilidad con terceros sistemas intencionalmente por diseño entre otros muchos.

Por resumir un poco todo este currículum. Mi error fue pensar que Emacs sería la solución a todos mis problemas cuando realmente me resuelve un puñado de ellos y me tira otro montón a la cara. Mi prejuicio reiterado de que cualquier otra herramienta me haría la vida mucho más sencilla y todo sería un precioso prado verde donde el monte es orégano. Pero cada vez que profundizo en esta idea le veo las enaguas a todas esas recatadas soluciones mágicas y vuelvo con alegría mi editor de confianza donde quiero hacerlo todo. Por que todo lo demás es demasiado hostil.